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Bascule, de Vitra: lo que resuelve una butaca que no hay que regular y lo que no

Por Javier Ponce Angla · · 5 min de lectura
Butaca Bascule de Vitra tapizada en tela rosa arena, con base giratoria de aluminio y otomana a juego, en un rincón de lectura junto a una librería y una lámpara de papel
Imagen: Vitra

En casi todas las casas la butaca de lectura la usan dos personas. Una pesa 55 kilos y otra 90. Con una reclinable de tensión manual, una de las dos vive con el ajuste de la otra, porque nadie gira una ruleta cada vez que se sienta.

Vitra quiere resolverlo con Bascule, la butaca que Studio Œ presentó en junio en Copenhague y que llega a tienda este mes. Aquí van sus datos, dónde la pondríamos y cuatro cosas que nos frenan.

Conviene decir desde dónde escribimos. Vitra es una de las marcas con las que trabajamos en proyecto, y conocemos su catálogo, sus plazos y cómo se comportan sus piezas a los años. Esta butaca, en cambio, no la hemos probado: salió a la venta este mes. Lo que sigue sale de la ficha técnica de los distribuidores y de lo que preguntamos antes de meter una butaca en una casa, no de haberla usado. Cuando nos sentemos en ella —está en el London Design Festival hasta el día 20, y esperamos verla en Hábitat València, del 28 de septiembre al 1 de octubre— actualizaremos el artículo.

Qué es la Bascule

Una butaca de descanso de Lisa Ertel y Anne-Sophie Oberkrome, el dúo berlinés de Studio Œ, fabricada por Vitra. El mecanismo va escondido en los brazos: responde al peso de quien se sienta y lleva el respaldo desde la posición erguida hasta casi la horizontal, sin palanca ni ruleta.

La ficha, según los distribuidores alemanes que ya la venden. Dos versiones: Highback, con cojín de nuca regulable 6 cm, y Lowback; ambas admiten otomana. Unos 85 cm de ancho, con 112,5 cm de alto la Highback con el cojín extendido y 81 la Lowback. El asiento queda a 38 o 43 cm, que bajan a 30 y 35 al sentarse. La base es giratoria de aluminio o de roble macizo teñido.

El relleno es V-Foam —una espuma de poliuretano reciclable que Vitra desarrolló con BASF— o fibra de PET reciclado, montado sin adhesivos: las piezas se separan para repararlas. La funda es holgada y desmontable. El plazo declarado va de 4 a 8 semanas.

Dónde la pondríamos

En un rincón de lectura de dormitorio principal o de biblioteca, en casas donde la butaca se comparte. Ahí el mecanismo automático aporta algo que otras no dan: una reclinable de ajuste manual acaba bloqueada en una posición, y una de inclinación fija, como la Lounge Chair de Eames, obliga a todos a leer con el mismo ángulo. Es el rincón que resolvimos a medida en el dormitorio de RFG63, una de esas decisiones de serie o a medida que se toman con el plano delante.

También en la suite de un hotel pequeño, donde la usa un huésped distinto cada noche y nadie le va a enseñar dónde está la ruleta.

Para vivienda preferimos la base de roble, en un tono que se separe del suelo si el suelo también es de roble. La giratoria de aluminio la reservaríamos para contract y despachos.

Al lado, una lámpara de pie con luz dirigida —el respaldo alto de la Highback tapa la luz cenital— y una alfombra de lana corta que aguante el giro. La funda es la decisión delicada: las dos telas que hemos podido verificar, Iroko 2 y Hola, llevan sintético dentro. Preguntaríamos por lana o por lino antes de cerrar. En una pieza que se toca con la cara y los brazos durante horas, la fibra natural se nota.

Qué no nos convence

La funda se desmonta, pero no va a la lavadora. La prensa del lanzamiento dice que se quita para lavarla; la ficha de los distribuidores pide limpieza profesional y descarta la lavadora. Con una tela clara y niños en casa, la diferencia se paga en tintorería.

El asiento es bajo, y con la base de roble no hay alternativa. La versión de madera solo se fabrica con 38 cm, que se quedan en 30 al sentarse. Levantarse de 30 cm cuesta con las rodillas cansadas. Para una persona mayor iríamos a la base de aluminio con asiento de 43, aunque en un salón nos guste menos.

Faltan datos del mecanismo. Vitra no publica el rango de peso para el que está calibrado, ni cuánto fondo necesita la butaca en reclinación máxima. Casi horizontal significa que el respaldo invade lo que haya detrás. Antes de dibujarla en planta pediríamos las dos cifras.

Es una pieza de este año. No sabemos cómo envejece un mecanismo automático tras diez años de uso diario, ni cómo cede la funda holgada. Antes de especificarla pediríamos por escrito qué recambios sirve el fabricante y durante cuántos años.

Y la reserva que nos toca a nosotros: todo esto sale de la ficha, no de una Bascule probada. Lo del asiento bajo es donde más nos gustaría equivocarnos, y no lo sabremos hasta sentarnos en ella.

Para quién tiene sentido

Tiene sentido en una casa donde dos personas comparten la butaca de lectura a diario, con sitio detrás y sin miedo a la tintorería. Fuera de ahí, hay butacas que resuelven lo mismo con menos preguntas abiertas.

Si estás resolviendo el rincón de lectura de tu casa, puedes ver cómo trabajamos el interiorismo residencial o cuéntanos tu espacio y te damos una primera lectura en dos días laborables.

Vitra es una de las marcas con las que trabajamos en proyecto, y por tanto tenemos relación comercial con ella. Este artículo no está patrocinado, no hemos recibido la pieza en cesión y no la hemos probado todavía. Ficha del fabricante en vitra.com. Imagen: Vitra.

El autor

Javier Ponce Angla dirige Studio Poan, estudio de interiorismo y dirección creativa con sede en Madrid y Valencia. Escribe sobre materia, atmósfera y las decisiones que hacen que una casa se sostenga en el tiempo.

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