
En el interiorismo de clínicas hay un momento que lo decide todo: los minutos de la sala de espera. Este proyecto de 90 m² en Madrid empieza ahí, en quien llega con prisa o con miedo.
El punto de partida fue la propia marca: el verde de su logotipo salta del rótulo a las paredes en papel pintado, y una gama cálida lo acompaña para que el color no enfríe. Madera, mármol y lino completan la paleta; el mostrador de recepción, de obra y diseñado a medida, ancla el recorrido. La clínica ya no se parece a una consulta: se parece a sí misma.
El espacio que más tensión concentra —la espera antes de la consulta— es aquí el más amable.








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