Una sala que cambia de forma
Una sala que cambia de forma.
En la primera planta de un auditorio de Madrid había tres salas que no servían para lo que más se les pedía: reunir a un grupo grande. Las dos de la derecha se quedaban pequeñas y la tercera, en la punta del edificio, vivía aparte. El encargo era claro: que las tres fueran una, y que cada una pudiera volver a ser ella misma cuando hiciera falta.
La respuesta son dos tabiques móviles acústicos, terminados como pared pintada para que nadie los lea como tabiques. Abiertos, los 200 m² admiten una ponencia numerosa o un cóctel; cerrados, devuelven una sala de conferencias con pantalla y dos espacios menores. La sala grande hace de distribuidor hacia las demás y, cuando el auditorio tiene un evento, recibe a ponentes y organizadores para un aperitivo o una sesión más reducida.
Los techos, altos, se pintan de negro para que las instalaciones desaparezcan y la altura baje a escala humana; bajo ellos flotan discos acústicos de Ecocero que absorben y alumbran. En la punta angular, un banco corrido de madera recorre la ventana, una tarima curva de nuestro taller acoge dos butacas de cuero y un papel pintado de Glamora da a la pared el peso de la piedra. Estores tamizan la luz y oscurecen la sala cuando toca proyectar. Sillas Globus de Stua, mesas altas de Casual y módulos de cuero de Inclass completan un espacio que cumple cada requisito sin parecerse a la sala de conferencias de siempre: elegante, y sobre todo cálido.
De qué absorbe de verdad un panel acústico —y qué cifra hay que pedirle al fabricante antes de especificarlo— escribimos en este artículo del Diario.
Un proyecto de interiorismo contract en Madrid.











